El conocimiento común sobre la bisexualidad postula que esta no existe realmente o que cada individuo es bisexual. A pesar de ser contradictorio, estas dos teorías reflejan el pensamiento dominante sobre la bisexualidad en diferentes momentos y observadores durante los siglos XIX y XX. Sexólogos han intentado constantemente explicar (o negar) la bisexualidad, considerándola como una etapa transitoria para individuos que eventualmente se identificarán como homo o heterosexuales, o llamándola como una forma de negación de la homosexualidad por parte de un individuo. La bisexualidad ha sido considerada, desde los primeros estudios, y hasta ahora por parte de una mayoría como una “falsa” categoría sexual.
Pero a medida que los sexólogos encontraron más individuos que se habían relacionado con mujeres y hombres a lo largo de sus vidas, se volvió difícil negar la existencia de la bisexualidad. Sólo hacía l1970 y 1980 investigadores comenzaron a encuestar e investigar a individuos que se declaraban a si mismos bisexuales y comenzó un proceso de adoptación del término y validándolo.
Los primeros (o primitivos) sexólogos consideraban la orientación sexual como determinada y determinante del género del individuo. A mediados del siglo XIX el deseo sexual y afectivo de hombres por hombres fue llamado “uranismo”: el alma de una mujer en el cuerpo de un hombre, un “invertido”. Término que los mayores aún ocupan.
El trabajo de Freud cambió la concepción biológica de la bisexualidad a un concepto sociológico. Freud propuso que todos los humanos nacían una disposición bisexual inconsciente. Durante el curso de su niñés y adolescencia, por factores socioculturales, el individuo reprime (o es reprimido) su “lado homosexual” asumiendo una identidad heterosexual y “madures” sicológica. Aún así Freud reconocía la posibilidad de sentirse atraído por mujeres y hombres, mantenía que la bisexualidad era una neurosis.
Luego, Wilhelm Stekel, asociado de Freud, consideraba que aquel potencial bisexual inicial llevaba naturalmente a tener relaciones sexuales, afectivas y emotivas con mujeres y hombres. Consideró que la homosexualidad como la heterosexualidad son síntomas de una neurosis, ya que al ser atraído exclusivamente por un sexo requería de una represión por parte del sujeto. “No existen personas monosexuales”
A pesar de la atención dada por Freud, Stekel y muchos otros sicoanalistas, las investigaciones científicas por mucho tiempo ignoraron el tema. Combinaban las respuestas de individuos atraídos por ambos sexos junto a las de homosexuales o simplemente no eran tabuladas.
Los estudios del, incluso cinematográficamente, célebre profesor Alfred Kinsey y sus colaboradores a fines de 1940 y principios de 1950 fue de suma importancia para demostrar el error de disminuir la diversidad de las experiencias sexuales a simplemente homo sexual y heterosexual.
En 1945, al descubrir que un vasto porcentaje de la población masculina y femenina había respondido eróticamente o eran sexualmente activos con hombres y mujeres, los estudios de Kinsey pusieron una luz sobre las prevalencia de la bisexualidad y negaron la distinción binaria sicoanalítica entre normal y patológico.
Como las mayoría de los estudios sexológicos, los modelos de identidad homosexual ha menudo ignoran o descartan la bisexualidad. Estos modelos caracterizan el suceso de “salir del closet” –a falta de un mejor término- como un proceso que incluye la aceptación de la atracción hacia individuos del mismo sexo, auto declarándose lesbiana o gay, incluyéndose en dicha comunidad y finalmente integrar su sexualidad como parte de su identidad.
A pesar de que los bisexuales puedan compartir estas experiencias, son raramente incluidos en las teorías de desarrollo de la identidad sexual. La mayoría de las teorías, que son las más recurridas, definen a la bisexualidad como una forma de negar la verdadera sexualidad. Individuos luchando –por no de decir confusos- con su identidad sexual (negándola debido a factores socioculturales) pueden percibirse a si mismos como bisexuales por un tiempo, aferrándose a la posibilidad de relacionarse con miembros del sexo opuesto en el futuro. Por otro lado, individuos que se relacionan con hombre y mujeres fallan en declararse como bisexuales bajo la creencia de que tal “categoría” no existe.
Estudios realizados en San Francisco en mujeres bisexuales durante 1980 resolvieron la existencia de de cuatro etapas para descubrir el proceso de “salir del closet” para bisexuales:
1) Confusión Inicial: Aparte de la confusión que se encuentra en cualquier proceso de orientación sexual, las/los bisexuales fallan en autodefinirse bajo los prejuicios del sistema social dicotómico, siendo ellos incapaces de permitirse a si mismos el ser atraídos por ambos sexos.
2) Encontrar y aplicar la etiqueta: Debido a la negación de la bisexualidad por la mayoría de las teorías, el bisexual es incapaz de encontrar una forma de “llamarse” a si mismo. Se necesita de un proceso de investigación por parte del individuo para poder descubrir que su ”condición” tiene un nombre
3) Establecer la identidad: Cuando el bisexual “sabe” lo que es, incluirse en la comunidad bisexual como tal y declararse como tal a otros
4) Inseguridad: Esta última etapa, que es única de algunos bisexuales, resulta de la relativa falta de una comunidad bisexual para recibir una validación, además de a constante presión de grupos monosexules para que el bisexual se identifique como homosexual o heterosexual.
Teorías más actuales argumentan que el proceso de “salir del closet” está enmarcado por múltiples dimensiones, incluyendo no solo la atracción sexual y comportamiento, pero también compromisos políticos, lazos emocionales, y desenvolvimiento en la social
El proceso de “salir del closet” para los bisexuales es difícil a causa de tener que vivir con la homofobia y la bifobia. Ejemplos de bifobia:
“…Primer prejuicio: a las y los bisexuales nos gustan mujeres y hombres por igual y con la misma intensidad, “todas las mujeres y todos los hombres”, por ello somos “hipersexuales”, “le tiramos a todo lo que se mueva”, o como dice un querido amigo, “conformamos el voluntariado sexual”. Falso, la bisexualidad no atrofia ni anula nuestra capacidad de elección, ni nuestra voluntad, podemos elegir con quien relacionarnos y con quien no, por ello no es verdad que nos gusten ni todas las mujeres ni todos los hombres, así como tampoco es cierto que a las lesbianas les gusten todas las mujeres, a los gays todos los hombres, ni a las mujeres heterosexuales todos los hombres o a los hombres heterosexuales todas las mujeres.
Segundo prejuicio: las personas bisexuales somos infieles “por naturaleza”, no podemos establecer relaciones duraderas y menos aún, monogámicas. Falso, la cuestión de la fidelidad y el problema de la infidelidad no están relacionados directamente con la orientación sexo-afectiva, sino con normas sociales. Cualquier persona puede ser fiel o infiel de acuerdo con sus propias decisiones y/o imperativos morales, no es sólo cuestión de quién me gusta o con quién me relaciono, sino también de cómo y bajo que reglas o acuerdos establezco mis relaciones amorosas, afectivas y/o eróticas. El que a las personas con una orientación bisexual nos pueden gustar hombres y mujeres, no implica necesariamente, que nos relacionemos con varias personas al mismo tiempo o que no podamos establecer relaciones duraderas e incluso monogámicas.
Tercer prejuicio: las y los bisexuales somos personas indecisas, con un deseo sexual “ambiguo”, “no sabemos lo que queremos” o “queremos todo” nos dicen, es más, seguramente “somos lesbianas o gays de clóset”. Falso, las personas que nos identificamos como bisexuales, como cualquiera otra, sabemos lo que sentimos y lo queremos, nuestra orientación sexual es clara y no nos impide saber cómo nos asumimos y qué le da sentido a nuestro deseo y a nuestras relaciones amorosas. Si bien es cierto que hay casos en los que cambia la orientación del deseo, no es verdad que esto sea lo común. Más aún, nadie tiene el derecho a decirme cuáles son mis preferencias, gustos o afectos “verdaderos”, ya que, parafraseando el psicoterapeuta David Barrios, la experta en mí, soy yo misma y nadie puede saber más que yo a este respecto.
Cuarto prejuicio: las y los bisexuales necesitamos estar con una mujer y un hombre al mismo tiempo para sentirnos “verdaderamente bisexuales”. Este prejuicio, dicho sea de paso, se relaciona con ciertos estereotipos recurrentes: generalmente se piensa que bisexual es un hombre masculino y casado que tiene relaciones con otros hombres. Para el caso de las mujeres, se debe decir, que la bisexualidad femenina, como mucho de lo que se asocia con las mujeres, es invisible, cuando se piensa en bisexualidad no suele pensarse que existan mujeres bisexuales y cuando sí se hace, se recurre al estereotipo de dos mujeres que se relacionan con un hombre, pero para el placer de éste. Es perfectamente posible que algunas personas establezcan este tipo de relaciones, pero también lo es, que muchas otras lo hagan de maneras distintas. Asimismo, es falso que las y los bisexuales “necesitemos” estar con mujer y hombre al mismo tiempo para ser “bisexuales de a de veras”, tal vez habrá quienes lo vivan así, pero ello está lejos de ser una regla, pensarlo de esta forma es aludir y reforzar un estereotipo.
Quinto prejuicio: las y los bisexuales somos lo mismo que lesbianas y gays. Falso, la bisexualidad tiene sus propias particularidades, ya que nuestra identificación sexual se estructura con otros elementos, mientras que la de las lesbianas tiene como referente a las mujeres y la de los gays a los hombres, la nuestra se dirige hacia dos conjuntos humanos, mujeres y hombres, que social y culturalmente han sido construidos y se perciben como distintos, y ello trae consigo diferencias importantes para la conformación de nuestra orientación sexual. Es cierto que compartimos con lesbianas y gays el tener una orientación distinta a la heterosexual, con todo lo que ello implica, sin embargo, no somos lo mismo (lo cual no significa, hay que decirlo, que no podamos trabajar juntas y juntos o construir proyectos en común).” Myriam Brito Domínguez. Marzo 2006 http://www.anodis.com/opcionbi/magazine.asp?id=13
Estudios a la bisexualidad y la visibilidad de los grupos bisexuales e individuos, desde 1970 han cambiado la percepción negativa existente sobre los bisexuales. Mientras las población bisexual continúen siendo descartados de los estudios sobre la sexualidad o tabulados indistintamente junto a homosexuales no se avanzará en la comprensión de la sexualidad, no sólo de bisexuales, sino de todos los grupos sexuales y dificultará la aceptación de la bisexualidad como una identidad sexual válida y romper con la concepción binaria de las sociedad, separa en blanco y negro, ciega del gris.